miércoles, 17 de octubre de 2007

EXPERIENCIA DE VIDA

¿Cómo pasé de la niñita que buscaba malas palabras en el diccionario a la adulta interesada en el tema al punto de hacerlo materia de una tesina?

No me recuerdo mal hablada, en realidad, no me ayudaba el entorno. Una vez ligué tremenda cachetada cuando, sin conocer el resto de la frase, le dije a mi mamá que parecía “la gata de doña Flora” (cuando se la meten grita, cuando se la sacan llora).

No se puede nombrar lo que no se conoce y ¿cómo llegué a conocer ciertas palabras?

En mi juventud no había computadoras personales (¡¡y mucho menos Internet!!)

Ahora, pongo “malas palabras” en Google y aparecen 676.000 páginas en español (y este blog entre ellas). Lo mismo pasa si busco groserías (506.000), palabras malsonantes (267.000) o lisuras (24.200).

He encontrado diccionarios de los más variados orígenes (chilenos, colombianos, peruanos, mejicanos), lo que resulta muy útil porque, como leí por ahí, “para ofenderse y ofender, es necesario hablar el mismo idioma”.

Estoy tapada de información pero divertida, como aquel niñito del cuento que bajo una pila de mierda buscaba el pony.

1 comentario:

dagoberto muñoz san martin dijo...


Parecería ser nada más que una broma. Pero sería muy interesante la palabra de un Médico, sobre Coprolalia. ¡Opine, Doctor!